EXPLORANDO BARCELONA

Aquella tarde no era igual a los otros domingos porque de hecho ni tan sólo era domingo sino un jueves. Pero, no obstante, las calles de la ciudad condal estaban colapsadas de gente. No era en su mayor parte gente nacional sino más bien de cada uno de los rincones de este mundo. La salida del metro daba delante del Hotel Suizo y al llegar allí se podía oler el aroma anisado de los pastelitos que salía por uno de los respiraderos de la pasteleria anexa.
Al estar esperando en un lateral de la Plaza del Rei se podía contemplar todo el ir y venir de multitud de personas de diferentes razas, culturas, profesiones… De pronto llegó M, justo cuando el cielo empezaba a nublarse y amenazaba lluvia para esa misma noche. Nos dimos dos besos y nos saludamos efusivamente. No hacía mucho tiempo que no se veían, ni tan sólo 24 horas, pero entre ellas había un gran cariño y amistad.
M deseaba un café, y cuando empezaron a andar su acompañante se percató de que dos turistas se peleaban con un mapa.
Preocupada por su orientación en la ciudad gótica les preguntó en inglés:
(S) -¿Podria ayudarles?
(T) – Bueno…estamos perdidos…¿conoce bien la zona?
(S) -Por supuesto, soy de aquí
(T) -Nos gustaria llegar a la Plaza de Catalunya
El matrimonio les mostró el mapa que tenían. Pero era fácl darse cuenta, que ese mapa era demasiado anticuado para mostrar de un modo práctico todas las callejuelas que había a su alrededor.
Así que se olvidó del mapa y les señaló direccion a la Plaza de San Jaume. Les dijo con autoridad:
(S) -Tomen esta calle todo recto y luego giren a la derecha para subir por la Puerta del Angel.
La pareja atendía pacientemente las indicaciones que les daba y se mostraron muy agradecidos por las atención recibida.
Al acabar con la explicación no se reprimió en preguntarles:
(S) -¿De dónde proceden?
(T) -Somos de Islandia.
La cara que pusimos de sorpresa fue grande. No se esperaba que pudieran venir de una isla que tan poca gente conoce.
(S) -Qué interesante!
(T) – ¿Si? ¿De verdad?
(S) – Si, claro. Recuerdo la Revolución Islandesa
(T) – Mmmmmm…hace tres años. Si…
(S) -Fueron muy valientes

Al matrimonio les brillaron los ojos. Imagino que no podían verse en medio de Barcelona nunca antes hablando de su tierra natal con un local catalán.
De repente el hombre tomó la iniciativa y quiso puntualizar:
(T) -Pero ahora la revolución está aquí
(S) -Si, es verdad.
(T) -Pero no en Barcelona sino en Madrid esta vez…
(S) -Claro. Es así porque…
la chica no lo tenía muy claro pero a pesar de ello se lo comentó.
(S) -Es así porque allí está la sede del Gobierno
(T) – Ajá! -Exclamó el islandés
(S) -Pero desde mi punto de vista creo que la revolución se expandirá
Y mientras lo decía, movía las manos abriéndolas viviendo en sus propias carnes las palabras que decía.
El hombre asentaba con la cabeza sin mediar palabra hasta que dijo unas bonitas palabras al par de amigas:
(T) -Mientras sirva para encontrar soluciones está bien
(S) -Si, es cierto

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