RUIDO

Volvió a oir aquel ruido que la sobresaltó aún más. Era un ruido sigiloso, con mucha delicadeza, casi inaudible. A pesar de los barracones de madera, no podía conciliar el sueño. Justo en el momento en que se empezaba a quedar dormida se iniciaba aquel ruido. Estaba cubierta por una sábana delgada y una mosquitera colgada en el techo. Nada hacia presagiar el sentimiento que aparecería al oirse de nuevo ese ruido: miedo. No sabía de qué se trataba, sólo oía crujir pausadamente los tablones de madera de un lado a otro de la cabaña hecha con palmas, madera y cuerdas.
La escena se repetía cada noche aproximadamente a la misma hora. Justo cuando todos los residentes de la cabaña estaban en silencio y entrando en la fase profunda del sueño.
Aquella noche estaba decidida, después del ruido de los residentes, llegó un abrumador silencio. Al cabo de no pocos minutos empezó el ruido. Le costó identificarlo porque era demasiado sutil y pausado pero ahora estaba segura de que eran pisadas. El sonido era tan poca cosa que era imposible que se tratara de pisadas humanas. Tragó saliva y escuchó con más intensidad. Poco a poco el ruido se deslizaba lentamente por el corredor, pasando por delante de cada una de las habitaciones. De vez en cuenado se paraba como cerciorándose que todo estaba en calma. A medida que el ruido andaba podía percibirlo peor porque se alejaba de la habitación. En un momento dado le pareció que el ruido había logrado su objetivo. Después de atravesar todo el pasillo, había llegado a la cocina.
Seguía sin saber de qué se trataba ese ruido y el corazón con sus palpitaciones latía acelerado. La cocina no era gran cosa, pero los residentes habían cometido un error que después corregirían. Dejar el cubo de la basura orgánica a la vista y sin cubrir. El ruido estaba en su momento álgido y muestra de ello es que se permitió hacer más ruido de lo que era habitual. Se empezaron a escuchar como los objetos de la basura eran removidos y algunos caían causando un sobresalto en la cara de la chica. Finalmente, el cubo también cayó.
De pronto e inesperadamente, un grupo de residentes llegaron a la cabaña y subieron por la escalera de madera principal. Hacían un gran escándalo -habían tomado unas cuantas cervezas de más y allí estaban medio borrachos.
El ruido se percató que el silencio había desaparecido y que un gran peligro se aproximaba rápidamente.
Dejó todo lo que estaba haciendo, cruzó el pasillo de madera y al llegar a la escalera exterior saltó con sus garras por encima de las cabezas de los residentes.
Una de las chicas residentes empezó a gritar como alma que persigue el Diablo. Aquellas garras le ocasionaron unas profundas heridas en el antebrazo, que precisaron de una vacuna antirrábica para evitar males mayores.
Del ruido no volvimos a saber más y cada uno de nosotros tiene en su imaginación la imagen de qué y cómo era.

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